Ciencia y política*

ciencia

La popularización de la ciencia, –o al menos de sus elementos más simples–, y los indiscutibles avances tecnológicos de nuestra época han contribuido a que entre el público se haya instalado una suerte de optimismo positivista que, en su versión más entusiasta, toma la forma de cientificismo. El cientificismo vendría a decir que todo el conocimiento es científico y que por tanto los métodos propios de la ciencia son aplicables a cualquier ámbito. Si el cientificismo al servicio de las inquietudes humanas podría calificarse de ingenuo, y hasta arrogante, en política se vuelve peligroso al derivar inevitablemente hacia posiciones autoritarias. La política tiene una dimensión ideológica ineludible y negarla sólo significa que se acepta, implícitamente, la ideología dominante. La palabra «tecnocracia» es un eufemismo porque no es posible tomar decisiones sin participar de una determinada visión del mundo. Cuando la ideología queda oculta, cubierta por una envoltura de supuesta objetividad, es bastante posible que esté al servicio de las clases que, desde una posición de fuerza, han sido capaces de imponer su hegemonía. Sin embargo, la política no puede operar en el vacío. Cualquier actuación que pretenda asentarse sobre el terreno necesita conocer el medio, las condiciones donde va a desarrollarse. Y en lo que respecta al conocimiento del mundo físico, nada ha resultado ser más efectivo que el método científico. De hecho, la ciencia no debe entenderse como un corpus teórico abstracto sino que, probablemente, es el método el que la defina. Son científicos aquellos procedimientos de investigación que nos permiten llegar a conclusiones que pueden ser corroboradas intersubjetivamente por personas que no tienen por qué compartir nuestras creencias.

La elección entre un sistema de salud público o uno privado es una cuestión política; decir que un modelo matemático favorece la gestión privada es cientificismo al servicio de la ideología neoliberal. Sin embargo, para decidir si se financia con dinero público, digamos, la imposición de manos como terapia contra el cáncer, se necesitaría el aval científico (un aval que por ahora no existe por lo que sería una grave irresponsabilidad hacerlo). Y se necesita por una sencilla razón: porque el consenso, de existir, tiene que estar respaldado por evidencias; si no las hay ¿cómo podemos asegurar que algo funciona? El método científico arbitra entre diferentes hipótesis que pasarían de ser cuestiones «opinables» a conclusiones verdaderas o muy probablemente verdaderas. Podrá ser imperfecto, lento, podrán existir ejemplos de mala praxis, podrá debatirse desde la filosofía qué se entiende por «verdadero»…pero por ahora es el único que se ha demostrado eficaz para construir conocimiento. ¿Alguien conoce algo mejor?. De hecho, el prestigio de la ciencia es tal que, irónicamente, lo habitual es que el pensamiento mágico busque respetabilidad pasando por científico. La gran paradoja es que la propia ciencia se cuestiona dando argumentos que le han sido robados, imitando torpemente sus métodos; por eso muchas creencias se autodenominan ciencias –para hablar con propiedad habría que añadir el prefijo «pseudo»– cuando lo primero sería lo más ajustado y honesto. El que asegura curar el cáncer con sus manos no hablará de «magia», sino de «campos magnéticos», y muy probablemente de «energía». Pero si algo tiene el método científico es que es transparente y compartido por toda la comunidad científica, y en ese sentido podría ser calificado de democrático. Toda idea, por muy irracional que parezca, –por ejemplo la imposición de manos–, es susceptible a ser formulada como hipótesis y convenientemente comprobada. Es más, los resultados no sólo pueden, sino que deben, ser reproducibles por cualquier grupo de investigadores, independientemente de su cultura, creencias e ideología. El método científico es una herramienta poderosísima, probablemente el mayor logro del intelecto humano: no usarla es una grave irresponsabilidad política.

*Cristina Zurita, coordinadora de IU La Laguna y miembro de la Permanente de Unid@s se puede

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